Un cerramiento de vidrio no es una ventana. Cada panel se abre y se cierra todos los días, recibe el viento y la lluvia de frente, y queda al alcance de la mano de cualquiera que pase. Por eso el vidrio de esta familia no es vidrio común: es vidrio de seguridad, templado o laminado, y en varias de sus opciones las dos cosas en el mismo panel.
El templado se fabrica calentando la lámina y enfriándola de golpe. Ese tratamiento térmico multiplica por cinco su resistencia al impacto, a la flexión y al choque térmico —el salto de temperatura de un aguacero que cae sobre un vidrio que llevaba horas al sol—. Y cambia también la forma en que falla: cuando cede, cede entero, porque libera de una vez la tensión con la que quedó fabricado.
El laminado trabaja al contrario. Son dos láminas unidas por una interlámina de PVB, y su virtud aparece justo en el momento de romperse: los fragmentos quedan adheridos a esa interlámina, así que el panel se agrieta pero no se vacía y sigue haciendo de barrera hasta que se cambia. La misma interlámina bloquea el 99 % de la radiación ultravioleta, la que descolora los pisos y los muebles de una terraza cerrada. Elegir entre una técnica y otra no es cuestión de gusto, y por eso el catálogo no obliga a elegir.
Las fichas técnicas del Slidinglass y del FlexiGlass declaran cinco opciones de producto, y cuatro de ellas parten de un panel dual: dual templado y laminado; dual con vidrio de control solar; dual con control solar de PVB; dual de baja emisión Low-E; y vidrio sentry laminado estructural DG41. Las tres intermedias se especifican cuando el problema del espacio es el sol y el calor que entra por el cerramiento; la última, cuando el panel además tiene que aportar rigidez. Cuál va en cada obra se define al especificar, y no cambia el resto del sistema: la perfilería, los rieles y los herrajes son los mismos.
Lo que se gana con todo esto está medido. El conjunto cerrado del Slidinglass declara 100 km/h de resistencia al viento, 34 dB de aislamiento acústico, 6,5 W/m²K de aislamiento térmico y estanqueidad al agua de clase 2A. Y lo consigue sin un solo perfil vertical entre panel y panel: ahí está la diferencia entre cerrar una terraza con vidrio y cerrarla con cualquier otra cosa. El viento, el ruido y la lluvia se quedan afuera; lo que hay al otro lado sigue entrando completo.
El tercer sistema de la familia, el FlexiWind, usa el vidrio de otra manera: dos cuerpos, uno fijo y otro que sube y se guarda dentro del fijo, para regular en altura cuánta barrera hace falta ese día. Su ficha declara la superficie —vidrio— y la estructura —aluminio gris anodizado—, pero no el espesor ni la medida máxima del panel: esos dos datos se confirman al cotizar.