El acero estructural es la estructura: los postes, las vigas y los mástiles que recogen la carga de la cubierta y la llevan al piso, dejando libre el vano que hay que cubrir. No es el mismo acero que la tornillería en acero inoxidable, que es lo que sujeta las piezas entre sí: aquí el metal se dimensiona, se calcula y se pinta, y lo que se le pide es capacidad de carga. Dicho corto: uno sujeta, el otro sostiene.
El calibre no sale de un catálogo. Lo deciden el espacio, la proyección, la altura y el cálculo estructural de cada obra, así que dos cubiertas del mismo cliente pueden llevar postes de calibres distintos sin que ninguna esté sobredimensionada. En un cubrimiento de parqueadero la estructura se calcula sobre el área que hay que dejar bajo techo y sobre el número de vehículos a cubrir —comercial o domiciliario—, no sobre un módulo repetido; en una membrana tensada, sobre la geometría de la lona y los puntos de anclaje disponibles.
Por eso lleva acabado y el inoxidable no. La estructura se termina en pintura epóxica idónea para exteriores: es la capa que la separa de la corrosión, y la que permite dejar la lona, el policarbonato o la teja a la intemperie sin volver a intervenir el metal. En un material que se pinta, el acabado no es la terminación estética: es parte de la vida útil de la pieza.
En una membrana tensada el acero trabaja además a tracción, no solo a compresión. Los cables perimetrales cosen el borde de la lona y los tensores llevan esa carga a los anclajes; unos y otros van en acero galvanizado, igual que los accesorios que los conectan —grilletes, guardacabos y prensacables—. En las membranas tipo kiosco los mástiles perimetrales son también de acero estructural, y en un cerramiento enrollable de gran formato la barra de carga esconde dentro una barra de acero que hace de contrapeso.