En una cubierta exterior hay dos aceros haciendo dos trabajos distintos, y conviene no confundirlos. El acero inoxidable es el que sujeta: la tornillería, las sujeciones, las bisagras, los carros de rodadura y las tapas que mantienen el conjunto unido y, cuando hace falta, móvil. El que sostiene —los postes, las vigas y los mástiles que salvan la luz del vano— es acero estructural, otro material, con otro cálculo y otro acabado.
La diferencia con el acero galvanizado es la que decide una unión frente al mar. El galvanizado protege con una capa de zinc puesta encima del acero: mientras la capa esté entera aguanta, y cuando el roce de un montaje o el aire salino la consumen, el óxido aparece justo en la cara vista de la unión. El inoxidable no lleva capa añadida, sino cromo dentro de la aleación, que forma una película pasiva y se vuelve a formar sola cada vez que la pieza se raya. En un tornillo de pocos milímetros a la intemperie, eso es toda la diferencia entre una unión limpia y una mancha bajando por el perfil.
A2 y AISI 304 nombran el mismo material. A2 es la designación del acero inoxidable austenítico en el mundo de la tornillería, y el 70 de A2-70 identifica su clase de resistencia a tracción; AISI 304 es la forma habitual de nombrar ese mismo acero por su composición. En el catálogo aparecen las dos escrituras porque cada ficha técnica usa la suya: en PergoTek la tornillería se declara A2-70 bajo normas DIN 7380, DIN 7991 y DIN 912, y en PergoLam, PergoDom y las membranas, A2 AISI 304. No son dos calidades distintas.
No todo el ensamble es metal, y es a propósito. Donde una pieza gira o se desplaza —la palillería de un toldo de brazos, el eje de las lamas de una pérgola bioclimática— el inoxidable trabaja contra piezas de nylon de alta resistencia, que absorben el rozamiento y no lo transmiten como ruido a la estructura. En las pérgolas planas de aluminio el sistema de conexiones se diseñó además para que no quede a la vista ningún tornillo ni ningún cable: la unión existe, pero se mira desde abajo y no se ve.
El mantenimiento es el que corresponde a una pieza que no se corroe: en los accesorios metálicos de una membrana, ninguno. Lo que sí pide atención es el mecanismo, no el material — en un toldo de brazos, las manivelas, las cajas de cambio, los brazos y las articulaciones se lubrican una vez al año, y con eso el conjunto sigue moviéndose como el primer día.