Batyline es una malla tejida en poliéster y protegida por PVC. Los hilos se recubren y luego se sueldan entre sí en el cruce, y de ahí sale lo que la separa de un textil cosido: la trama no se abre. La malla resiste las rasgadas, no se deforma y no forma pliegues, así que un paño tensado sigue plano años después de instalado.
La diferencia práctica con una lona no es el peso ni el color: es que se ve a través. Una lona acrílica corta el sol y cierra la vista; la malla filtra el resplandor y deja pasar el aire junto con una versión difusa de lo que hay detrás. Por eso se usa donde cerrar del todo sería peor que no cerrar: el costado de una terraza que mira al jardín, el vano de una ventana que se quiere seguir usando, el paño de un cerramiento enrollable que baja sobre una vista.
Es reversible en urdimbre y trama, o sea que no hay cara buena ni cara mala: el mismo rollo sirve en las dos orientaciones y un paño no se puede confeccionar al revés. Resiste el moho, la suciedad y la humedad, aguanta la radiación ultravioleta y responde a las principales certificaciones de resistencia al fuego. Se limpia con una esponja, agua y jabón.
El color tampoco es solo estética: decide cuánto se ve y cuánto se refleja. Un tejido oscuro absorbe la luz en vez de rebotarla, así que desde dentro se ve mejor hacia afuera y deslumbra menos; uno claro refleja más y calienta menos, pero devuelve más luz a los ojos y deja ver menos. Los cuatro colores de la carta cubren las dos decisiones, y la muestra física es la única forma de confirmar el tono.